Cómo tratar y limpiar el acero inoxidable

Solo tenemos que realizar una mirada a nuestro alrededor para darnos cuenta de la cantidad de accesorios de acero inoxidable que nos rodean. Su practicidad, pero sobre todo su resistencia, lo hacen el material ideal para objetos tanto industriales como cotidianos.

Eso sí, pese a su singular apellido, no siempre el acero resulta 100% inoxidable: todo depende de la cantidad de metales antioxidantes que se use en la aleación del hierro para que ofrezca mayor o menor resistencia a la oxidación. Por lo tanto, para mantenerlo siempre brillante y en perfecto estado, debemos saber tratarlo y protegerlo.

Imagen: inoxpres.com

Diferencias entre las propiedades del acero

Lo primero que debemos indicar es que conviene diferenciar entre el acero inoxidable y los materiales con recubrimientos inoxidable: el acero inoxidable propiamente es un material sólido, que puede estar formado por distintas aleaciones de metales (normalmente hierro, carbono y cromo) pero que componen un todo, mientras que también nos podemos encontrar metales revestidos por otros metales que ofrecen una resistencia al óxido.

De esta forma, podemos encontrarnos el acero inoxidable en sí (un todo compuesto por la mezcla de carbono, hierro y materiales no corrosivos como el cromo, níquel o el molibdeno) o el acero cromado por ejemplo (un todo de hierro y carbono recubierto, que no mezclado, de cromo). Los dos ofrecen resistencia a la oxidación, pero mientras el primero necesita un tratamiento de pulido, el segundo necesitaría un nuevo revestido.

Cómo evitar la oxidación del acero

Una vez definidos ambos tipos de acero (existen otros tantos, pero estos son los más comunes en cuanto a propiedades de resistencia al óxido), en los dos casos podremos evitar su oxidación con las siguientes medidas:

  • Mantener el acero alejado de otras fuentes de oxidación: los metales resultan muy reactivos ante atmósferas poco protegidas, por lo que exponerlos a otros metales en los que se haya creado una capa de óxido puede producir similar reacción en ellos.
  • Limpia el acero inoxidable siempre con esponjas de acero o estropajos: estos materiales evitan la aparición de óxido por restos y retiran los que ya se hayan producido. En este caso resulta más conveniente el acero inoxidable que el recubrimiento cromado, ya que éste peligra al entrar en contacto con la fricción de la esponja de acero.
  • Aplica aceite lubricante (sirve el de oliva) siempre que se tenga que exponer a fuentes de óxido: en ocasiones colocamos el acero sobre fuentes que presentan algo de óxido como los sumideros. En este caso, si añadimos aceite que lo lubrique, evitaremos el óxido por contagio o por desuso.
  • Usa una base de hule para su almacenaje: también podemos acudir a un trapo o bayeta para evitar que el óxido se deposite y quede adherido a su superficie, sobre todo en zonas húmedas.

Cómo limpiar el acero inoxidable

El mejor aliado para la limpieza del acero es el vinagre. Este componente es un ácido que, gracias a su suavidad que incluso lo hace apto para el consumo humano, permite hacer un uso de él como corrosivo sin resultar agresivo y degradar las superficies en las que se aplica.

Otro de los componentes que resultan apropiados para eliminar el óxido sin ser agresivos con el metal es el ácido oxálico, que se puede aplicar realizando una pasta de su mezcla con agua y dejándola actuar unos minutos sobre el óxido. En este caso debemos tener cuidado de que no entre en contacto con zonas sensibles ni con ojos o secreciones, ya que es más reactivo que el vinagre y puede producir desgastes.

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